Han pasado algunos años desde que Plaza y Janes publicase Dragún, de Ricardo Riera, una de las primeras novelas fantástica/maravillosas de Venezuela, país que se caracteriza por una literatura alejada de los tópicos de este género. En líneas generales, fue una obra sólida, entretenida, con un lenguaje más que oportuno y funcional para los que somos entusiastas de la fantasía.  

El habitante de la sombra es la segunda parte de este universo. Riera ya había ampliado un poco más con Burami y el rey rojo (2014), mas aquí continuaremos leyendo sobre las andadas de Lea-Naa luego de los acontecimientos del primer manuscrito.

Como dato extra, la obra fue autopublicada en el año 2019.

El Autor

Ricardo Riera nació en Valencia (Venezuela) en 1978. Estudió Letras y Filología Hispánica en la Universidad Católica Andrés Bello (Caracas, Venezuela) y en la Universidad de Navarra (Pamplona, España).

Es autor de Dragún (2010), Burami y el Rey Rojo (2014), La cerca entre los árboles (2017) y de varios cuentos encuadrados dentro del western y la fantasía.

Argumento y Eje Temático

El habitante de la sombra inicia años después de lo ocurrido en Dragún. La desaparición de Zágor, compañero dragón de Lea —protagonista de la primera entrega— la ha llevado a recorrer el mundo en su búsqueda, o en su defecto, en la búsqueda de algún método que lo traiga de vuelta del mundo de los demonios: el Yolaa.

Dicha búsqueda la conducirá a un gremio de hechiceros que pueden ayudarla, culpables en cierta medida de los males ocurridos en la primera entrega. Sin embargo, Lea sabrá negociar su ayuda, lo que conllevará a los posteriores eventos descritos en la obra.

Separada en cuatro actos, la novela va relatando las peripecias de Lea y sus acompañantes de una forma clásica. Cada acto, al menos, tendrá un conflicto a resolver y, por añadidura, mucha remanencia de la espada y brujería a lo Fritz Leiber.

La morfología de las criaturas en su gran mayoría tiende a ser bastante vaga, y en consecuencia sacada de la manga para rellenar una escena de acción que podría ser irrelevante y tediosa de leer en muchos casos. Si bien estamos hablando de un género donde predomina la violencia para la resolución de un conflicto, la repetición excesiva de la fórmula termina siendo cansina cuando se trata de obras de una extensión como esta.

El habitante de la sombra, a diferencia de su predecesora, por momentos parece caminar argumentalmente por un hilo improvisado, como una partida de rol que se ha vuelto relato, o como un relato que pretende convertirse en partida de rol; y de nuevo, se diluye en sus primeros tercios sin pena ni gloria. Ya en los actos finales, la novela agarra vuelo en cuanto a intencionalidad y cohesión, dando la impresión de ser otra novela o el prefacio de una novela más grande —como en realidad ocurre—.

Entrelíneas se observa la estructura heroica, con matices, adaptada a las funcionalidades de la trama; es un tanto difícil observar de qué nos está hablando la novela más allá del mero divertimento. Temáticamente, la lealtad es un punto clave, tanto para Lea como protagonista, como para los personajes secundarios. El hilo conductor de la responsabilidad para con los nuestros, y cómo esa responsabilidad se debate entre lo éticamente correcto —dentro de estos parámetros— y lo pragmático. Sí, hay un conflicto ontológico que gira en torno al poder y sobre quién debe ostentarlo. Azed, parte del grupo de protagonistas, nos lo revela:

“–No me siento abatido por ello, sin embargo –continuó diciendo, con total entereza–. Luchando junto a mi maestro Terasio he aprendido que los peores monstruos imaginables están en este mundo, y la mayoría son hombres como nosotros. Es nuestro deber acabar con los ejércitos de este Señor del Este, sin duda la mayor amenaza que ha tenido este continente desde Yoshamaat.”

Personajes

Al haber un narrador heterodiegético, la novela estará contada desde varias perspectivas entre párrafo y párrafo. Se pueden distinguir cinco personajes importantes;

Lea-Naah es la heroína. Nos encontramos con un personaje endurecido, frívolo y dispuesto a llevar las cosas al límite. Peca de egoísta, sin que esto sea un problema en sí mismo, consecuencia de sus propios conflictos internos.

¿Cuál es mi lugar en el mundo? Se preguntará a lo largo de la obra, igual que en Dragún. Su motivación principal es salvar a Zágor, como bien he explicado, mientras intenta mantenerse con vida y fiel a sus ideas. Regia, dura y con ápices melómanos de a ratos.

Zágor, en su función de peripecia. Sabio, taciturno y fuera de los límites del entendimiento hasta del propio narrador.

Gadel es un hechicero de la Hermandad del Espejo Humeante. Es uno de los personajes más interesantes que encontraremos a lo largo de la novela. Metódico y con gran capacidad intelectiva. Sus motivaciones son fronterizas; por un lado, pone por delante los intereses de su orden, teniendo en cuenta que este es el bien común; y por otro, no reparará cuestiones morales a la hora de poner el primer punto en marcha.

Terasio, conocido personaje de la batalla de Dralegoria e íntimo compañero de armas de Lea. Ahora líder de su propio ejército, ha viajado por el mundo intentando unificarlo en un imperio en el cual pueda regir con justicia y sabiduría.

Azed, discípulo de Terasio. Para renovar el estatus de su familia en Beren, asumió la tarea de servir al ejército del Guerrero Rojo del Sur. Tiene, quizá, una escala de aprendizaje elevada, sumada a la habilidad que tiene para la batalla. Como todo adolescente, hay un balance entre la curiosidad y el sentido del deber; punto clave de la novela.

Kamil es el líder de la Orden del Espejo Humeante. Al igual que todo el gremio de hechiceros, solo quiere el bien común desde su perspectiva y desde la influencia que él pueda ejercer sobre los demás. Es quien, en primera instancia, le da a Lea la oportunidad de cerrar una alianza para beneficio de ambos.

Por último, Brur-kaal. Otro personaje misterioso, interesante, del cual no se dice mucho, pero cuya influencia está más que marcada en la novela. Sus intervenciones, aunque pocas, son condimento perfecto para el lector.

Esta gama de personajes, como bien es predecible, se desarrollarán a través de sus roles. Las interacciones entre ellos, aunque acertadas técnicamente, no resultan ser poderosas más allá del papel; en ocasiones, los estados de calma/alarma son tan bruscos que pareciera que otro personaje hubiese asumido el rol. A veces las motivaciones se diluyen o se contradicen con rapidez, por lo que el desenvolvimiento de las personalidades se hace acartonado.

De nuevo, estamos ante personajes prototípicos, de crecimiento casi nulo, de referencialidad hacia la fantasía clásica de Leiber o Howard y que están a la orden de la acción de turno.

Estilo

Este es el punto flaco de la obra. Dragún tuvo un estilo atinado sin llegar a ser portentoso. El uso de las figuras retóricas y demás recursos estéticos crearon una historia que a día de hoy me sigue pareciendo una referencia obligatoria dentro de la literatura fantástica venezolana contemporánea. Riera había construido las bases de una fantasía literaria posible en el país, y sobre todo, en Latinoamérica más allá de Bodoc.

El habitante de la sombra, sin embargo, carece en demasía de lo que Dragún ostenta. El lenguaje, si bien tiene un buen ritmo y manejo de la gramática —mucha precisión, eso sí— termina siendo pantanoso y seco; las perífrasis están a la orden del día y las metáforas, metonimias o símiles brillan por su ausencia. El tratamiento estético, me temo, es bastante apresurado.

Riera logra contar la historia de principio a fin —de eso no hay duda— y a veces nos regala imágenes curiosas como “Los restos de grandes columnas sobresalían de la tierra como los dientes rotos de una mandíbula gigante” (Riera 225), y sin embargo da la impresión de que se queda a medio camino entre una obra acabada y un borrador.

Cabe destacar que es una novela autopublicada, y aunque sé que los procesos editoriales actuales pueden llevarse por una sola persona, quizás esta pueda ser la razón por la que un estilo tan bien llevado como Dragún no haya permeado a El habitante de la sombra, tratándose del mismo autor.

Comentario final

La fantasía contemporánea enfrenta hoy día un reto, aunque muchos dirán que el género siempre está enfrentando retos y formándose referentes. El imaginario “post-Tolkien” comienza a generar otro tipo de inquietudes y estéticas. Por un lado, el auge de autores como Abercrombie, Sanderson y Martin galopa hacia una literatura fantástica que juega al dinamismo y a la cinematografía, en donde el desarrollo de la trama sigue sobreponiéndose al tratamiento del lenguaje.

Con todo y esto, cabe destacar, que la profundidad de la técnica escrita de estos contemporáneos supera pragmáticamente a otros cultores. Por ese lado mi preocupación es leve, puesto que percibo que la gran mayoría de los lectores de género están comenzando a apreciar una buena prosa más allá de tumbar las puertas de una mazmorra, o al menos eso me gustaría creer.

El habitante de la sombra es una obra que está en la mitad de dos mundos dentro del género fantástico. Por un lado, recoge lo cosechado por el pulp; y por otro, se integra a la nueva ola de literatura imaginativa no mimética sin llegar a penetrar en ese núcleo. El resultado es una novela que, si bien es entretenida, presenta desbalances en cuanto a la interacción de sus personajes, el ritmo de los acontecimientos y el estilo. Se extraña la fiereza de Riera mostrada en Dragún, y con toda esperanza, se espera que la siguiente entrega de este universo logre concretar lo mejor de las tendencias actuales del género.

***

Hasta aquí llegamos. Gracias a todos, y como siempre los invito a suscribirse a la lista de correo o solicitar alguno de mis servicios de corrección de estilo, ghostwriting e informes de lectura; y si te ha sido útil, puedes leer más en la sección de Escritura Creativa o sumergirte en el mundo de la Literatura Fantástica.

Además, puedes checar mis borradores en Wattpad o leer mis otros trabajos narrativos.

No olvides seguirme en mis redes sociales bajo el user @Mmjmiguel_ (Twitter, Instagram Facebooky recomendar el blog.