El mundo está lleno de voces. Escuchamos desde todas las direcciones posibles, nos encontramos con parlamentos aquí y acullá e incluso, nuestros pensamientos nos inflan la cabeza con deberes, reflexiones o recuerdos. Todo a su debido momento y lugar.

Cuando sumergimos la atención en un libro que nos parece increíble, escuchamos con claridad cada una de las palabras que se nos cruzan. Hay una voz que se diluye entre la realidad y la ficción, que nos hunde más y más en la historia. Es muy difícil determinar si es real o es un invento del subconsciente.

Al escribir, las oraciones van apareciendo, y en conjunto dan la impresión de que nos hablan desde la lejanía, como si tejieran cada párrafo en una perfecta telaraña.

¡Felicidades! Si esto ocurre, quiere decir que puedes señalar perfectamente lo que llamamos voz narrativa, pero…

¿Qué es la voz narrativa?

Es la conexión directa entre el lector y el pacto ficcional. Fíjate cómo se mantiene uniforme en la mayoría de los casos, colocándonos en contexto y relatando a su manera lo que está pasando, y mejor aún: se diferencia por encima de la voz de nuestros personajes.

La narrativa se alimenta de sí misma y del entendimiento que tengamos de lo que queremos contar. Establecerá parámetros y lineamientos que, si bien no son obligatorios, definen el lenguaje que la historia nos exige.

UNA VOZ POR HISTORIA

Los lectores oyen esta voz en su cabeza de manera automática. En tus primeras líneas debes establecer cómo será. ¿Formal? ¿Informal? ¿Coloquial? ¿Qué grado de proximidad debe tener?

Una vez que tengas la respuesta, mantente por esa senda. No fuerces; retenla a menos que la historia pida que la liberes. Lo natural es que tengas una voz en particular para cada texto.

Veamos a Cortázar y comparemos “La noche boca arriba” y “Axolotl” de su libro de cuentos Final del juego. Ambos son cuentos de literatura fantástica, pero el hecho de que compartan un mismo género y autor no los hace iguales. Cada uno está tratado con un tono distinto que lleva al lector a adentrarse hasta la resolución que exige la historia.

 

NARRATIVA Y ESTILO

La voz narrativa y el estilo son entes que se relacionan entre sí para forjar el ritmo de lo escrito. Entendamos que ambas son el resultado de criterios y pensamientos que exige una historia.

La elección de palabras, conjunciones y párrafos desembocarán en el tratamiento de la voz, y a veces determina la personalidad del narrador que has elegido.

 

IMITA CONSCIENTEMENTE

La mente es una licuadora de ideas y prejuicios, y por lo tanto, la imitación está en nuestro ADN. La originalidad es una consecuencia de la repetición de hábitos que a la larga mejoran.

Cuando empezamos a escribir, por instinto llevamos al papel construcciones lingüísticas parecidas a las de nuestras lecturas. Eso está bien, pues es un punto de partida.

No te digo que plagies con descaro a tus autores favoritos. No. Ni se te ocurra. Lo que te digo es que a partir de ahora, cada vez que te sientes a escribir seas consciente de cada oración que teclees.

Analiza y lee en voz alta. Esta práctica te llevará a comprender el ritmo, el fraseo y el estilo.

 

NO TE DETENGAS

Ánimo. La escritura es un oficio errático, por lo que ser errático no es un problema. Siempre se puede corregir, siempre puedes volver sobre tus pasos. Al terminar tus borradores, dales una checada y comienza a estilizar las frases a conveniencia del tema y de tu narrador.

Recordemos que la voz narrativa no es un problema de inspiración. Es un problema técnico que nosotros, los TrotaLetras, debemos resolver. Es parte del trabajo, así que no te mates a la primera.

 

UNA COSA ES ESCRIBIR, OTRA ES LEER

Al escribir, la voz narrativa resuena en nuestra mente sin freno, volcando todo el vocabulario de una sola vez. Esto nos da la impresión de que no hay nada que modificar. Gran error.

El problema radica en que la narrativa desarrollada en las sesiones de escritura tiende a ser muy diferente cuando la comparamos con una voz real.

Es importante leer en voz alta, o mejor: que alguien más lo haga, aunque esto es vergonzoso, pero si tienes el valor que yo no tengo, lo recomiendo.

De esta manera ataremos cabos y mejoraremos paulatinamente en cada sesión de corrección.

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Hasta acá llegamos por esta semana. Espero haberte sacado de dudas y ayudado en tu camino a escribir mejores historias. Recuerda que la búsqueda por la palabra perfecta es fructífera si nos esforzamos lo suficiente por entender nuestro lenguaje.

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¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!