Feliz año 2018, mis queridos TrotaLetras. Espero que las fiestas hayan aflorado lo mejor de ustedes y que en sus mesas no haya faltado la comida, la bebida ni la buena compañía. Empezamos con las expectativas en el cielo, y más vale cumplirlas por el bien de todos.

Sé que hay muchos proyectos en mente, historias por contar y relatos que construir, y es por eso que el primer post del 2018 se lo dedicaré a una dinámica que me parece provechosa para todos aquellos que necesitemos un empujón.

La hoja es blanca y llena de terrores.

Haremos un pequeño #BlogTag sobre los rituales que tengo a la hora de escribir, y espero que, si estos hábitos me han ayudado, te saquen de un atolladero creativo al igual que a mí. Como siempre, recalco que hablo desde mi experiencia limitada. No soy Stephen R. Donaldson, Liliana Bodoc o Brian W. Aldiss. Sólo soy un navegante más en el oficio.

Tomé prestadas las preguntas de mi colega Jennifer Moraz, cuyo Tag inspiró la creación de este, y aprovecho para saludarla desde este lado del charco. Por cierto, los invito a checar su artículo sobre fantasía urbana, un género de la literatura fantástica, que va agarrando fuerzas.

 

MIS RITUALES DE ESCRITURA  

 

¿Cuándo escribes? 

Exclusivamente por las mañanas y de lunes a viernes. Por lo general me levanto, hago un café, me pongo al día con las redes sociales, leo un cuento y de allí me siento a escribir hasta entrada la noche.

Este hábito me quedó por mi antiguo trabajo, el cual abandoné a principios del 2017 para dedicarme a escribir. Debía levantarme temprano y terminar la sesión a eso del mediodía. Era mí único momento libre, pues en la noche me era imposible concentrarme, y la polución mental de la jornada le ponía grilletes a la imaginación.

Las mañanas tienen todo lo que necesito: intimidad y silencio. Los dedos y la cabeza están frescos. Los que puedan darse ese lujo, háganlo. 

¿Cómo te aíslas del mundo exterior? 

Por fortuna vivo solo, pero aun así me gusta cerrar las ventanas y las puertas. Lo primero a razón del ruido ocasionado por el transporte público; buses con motores más viejos que el viento. Háganse la idea.

Y lo segundo es por maña. Crecí siendo hijo único y algo me quedó. Debo estar encajonado. No soy un vampiro, pero prefiero la pantalla como única fuente de luz. ¿Me quedaré ciego? Lo más probable, pero a mis veintiocho años tengo la vista perfecta, o eso quiero creer. (¡Déjenme!)

A veces no tengo estas condiciones porque ando de visita en casa de mi pareja, pero intento escribir en su oficina. Mismo ritual: puerta cerrada. Esta semana Isaac Belmar se ha lanzado un artículo tremendo en el que habla sobre escribir en la incomodidad. Insisto, vayan a leerlo. 

¿Cómo revisas lo que escribiste en días anteriores?

Con la paciencia de un alud. Soy muy quisquilloso porque me conozco lo suficiente como para saber que los errores se me cuelan. Y es que nadie es infalible, pero todavía no me hago eco de esa idea.

Cada obra tiene su propio proceso de revisión y lectura. Los cuentos deben tener una semana de reposo antes de que les eche un ojo. Leo en voz alta, como si estuviese rezándole a las palabras. Intento imprimirle ritmo a lo que tengo en las narices, y así detecto mi propia intención y le saco brillo.

En la narrativa larga, después de dejarla reposar, reviso un capítulo al día sin importar su longitud. Acomodo, quito, pongo y pulo. Lo guardo y le vuelvo a meter mano al día siguiente con los ojos descansados. Luego, avanzo y el proceso se repite. Esto permite empaparme al ciento uno por ciento con el estilo y con lo que quiero decir. 

¿Qué canción te gusta escuchar al sentirte poco inspirado? 

La música es parte de mi profesión. He vivido con ella desde hace muchos años, y es lógico que me acompañe en este viaje. Aunque suelo no escuchar música durante mis rituales de escritura, puedo pasar horas en listas aleatorias que contengan la banda sonora de videojuegos, en especial aquellos que me han inspirado a escribir.

Mi imaginario está hecho de imágenes fantásticas, en el sentido literario de la palabra, así que le doy cabida a todo playlist que se enfoque en lo medieval, lo extraño, lo terrorífico, lo espacial y lo épico.

¿Cómo luchas contra el bloqueo del escritor? 

Como soy artista desde siempre, aprendí a tomar los bloqueos como breves descansos de inspiración. Normalmente estoy libre de ellos; sé moverme y los conozco. Cuando sé que viene uno en camino, corro hacia el libro más cercano y lo devoro. Durante este tiempo tomo notas, copio con descaro y trato de disfrutar con cierta diligencia.

Veo películas y me dejo maravillar por su trama y sus personajes. Me doy el lujo de reír, de llorar, de ser uno más de la historia. La ficción, y escribir ficción, es parte importante de mi vida. Dirán que es un escape, y yo digo que es una forma de mantenerse despierto en un mundo lleno de gente adormilada, a la que la vida parece no importarle.

También hago otra cosa: escribo. Si un texto se me pone bribón, lo más sano es intentar escribir algo nuevo. Siempre hay que mantenerse en movimiento; tu cuerpo y tu mente creativa te lo agradecerán. Las cosas no son tan malas cuando te dedicas a plasmar parte de ti en tu trabajo como escritor.

¿Qué herramientas usas cuando escribes?

Amigo TrotaLetras, nunca salgas de casa sin el lenguaje. Este será la mejor arma que puedas tener contra todo lo que se te cruce, y mientras más consciente seas de él, los límites desaparecen.

A nivel técnico uso una computadora con Word, mi libreta de notas, una silla incómoda para recordarme que tengo que comprar una nueva, mi tablet para distraerme en Instagram y Twitter, y por supuesto, el elixir mágico: una taza de café tan negro como el metal que escucho.

Y no olvido otras cosas útiles como diccionarios, algún manual de estilo, el libro de dudas de Manuel Seco e Internet para consultar wordreference.

¿Qué consideras imprescindible para una sesión de escritura? 

Tiempo y el saber que no hay cosas pendientes. Y si las hay, la voluntad para ignorarlas. ¡Estoy haciendo literatura! El mundo puede esperar, ¿no? ¿Cómo es eso de ir al mercado? ¿Que las cajas de pizza no se pueden comer después de varios días al Sol?

¿Cómo te alimentas durante tus sesiones?

Admito que tengo una pésima alimentación. Puedo saltarme el desayuno y el almuerzo.

Cuando la tripa brama, opto por la simpleza de unas arepas. Sé cocinar cosas más complicadas, lo juro, pero mi mente está en el papel, no en la cocina.

Lo siento. Sé que debo alimentarme mejor si es que quiero vivir más allá de los cuarenta. Hago mi mejor esfuerzo. Si viniste aquí en busca de consejo, haz todo lo contrario de lo que dice este apartado.

 

Y POR ÚLTIMO  

 

¿Cómo sabes cuándo una historia ha terminado? 

Depende mucho de lo que esté escribiendo, y por lo general ya tengo un final establecido antes de teclear la primera palabra.

Con esto le saco provecho a los cuentos, donde mi intención será, siguiendo los lineamientos del cuento clásico y de mi propio decálogo en el blog de María José Moreno, sorprender. A partir de allí, el desarrollo viene por sí solo como perro moviendo la cola.

Claro, hay ideas que golpean por su planteamiento y sin un final establecido, por lo que toca echarle cabeza hasta que me sienta satisfecho. En este caso escribo y estiro la narrativa hasta que me diga a dónde debo ir.

Uso los recursos que tengo a disposición y armo la historia pedazo a pedazo. Creo que por intuición muchos nos damos cuenta de cuándo una historia debe terminar.

*** 

Hasta aquí nos trajo el sendero por esta semana, y de nuevo quiero desearles un feliz año. Espero que mi perspectiva sobre el oficio sea útil y que lleve a hacer más y mejor literatura. Cada cabeza es un universo, y estas cosas son parte del mío.

Gracias por leer, y como siempre los invito a suscribirse a la lista de correo, y si te ha sido útil, puedes leer más consejos de escritura creativa o leer mis cuentos en Wattpad o Sweek.

No olvides seguirme en mis redes sociales bajo el user @Mmjmiguel_ y recomendar el blog.

 

¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!