Seré sincero: Este año comencé a leer a autores independientes, a aquellos que estaban afuera de las grandes casas editoriales que todos conocemos (Planeta, por ejemplo). No conocía el fenómeno de la autoedición y mucho menos sus virtudes.

Afortunadamente me curé en salud, y ahora tengo varios títulos indies conmigo, y debo decir que estoy más que satisfecho con dichas lecturas.

Otra confesión: No soy muy dado a las reseñas. Pienso que no estoy en posición de opinar sobre el trabajo de alguien más si no me lo ha pedido, pero tenía algo de tiempo queriendo comenzar con un ciclo de enfocado a la literatura fantástica/maravillosa, que es una de las finalidades de este blog, aparte de la escritura creativa.

Aquí vamos con Delbaeth Rising: Camino de odio

LOS AUTORES

Este libro sale bajo la editorial Ronin Literario, un pequeño sello que se enfoca en la literatura de género y chambara como estandarte.

El primer rasgo que me llamó la atención de la obra es que fue escrita a cuatro manos. Hay dos cerebros involucrados y veinte dedos detrás de la creación de cada frase. Este dato pasa desapercibido a menos que lo conozcas, ya que la narrativa en sí misma se funde con uniformidad a lo largo de sus casi trescientas páginas.

Gonzalo Zalaya Bueno es un escritor español nacido en Barcelona en 1981. Se le conoce por su afición a los juegos de rol, por dedicarse a la docencia y a la literatura bajo la premisa de Ecofantasía. Además de co-escribir Delbaeth, tiene bajo la manga su blog Otoño por siempre.

Victor Blanco nace en 1985 en Lleida, y al igual que su compañero, es aficionado a los videojuegos y al rol. Escribe desde muy temprana edad, lo que lo llevó a ser finalista del Premio Minotario a la edad de 21 años con su novela Noches del Suburbio. Es el director de la revista de género fantástico Windumanoth y es autor de la novela Crónica del rey cautivo; así que es una persona que conoce estos nichos.

LA TRAMA 

Estamos ante una obra que se mueve en el mundo de lo fantástico/maravilloso. Nos cuenta la historia de Delbaeth, un elfo de malas pulgas que emprende un viaje junto a su compañero Ratón con el propósito de hacerse con un arma que podría cambiar el destino del reino y todos sus habitantes.

Dentro del más sencillo esbozo, los autores han logrado una historia sólida que se sostiene en sí misma por el ritmo y su ligereza. Encontraremos capítulos que se irán en un parpadear, y otros tan pesados como las tripas que el protagonista se encarga de sacar a tajos a lo largo de todo el libro.

La primera impresión evoca a aquellos cuentos clásicos de Espada y Brujería. Las referencias a Conan el cimmerio de Robert E. Howard y a Fafhrd y el ratonero gris del imaginario de Fritz Leiber son abundantes, y terminan en un tributo más que entrañable, y me atrevo a decir, valga la cacofonía, memorable.

En una segunda impresión, cuando la lectura está más que avanzada, los autores nos sumergen en lo que parece ser una partida de rol al mejor estilo de Calabozos y dragones. Detrás de cada línea, esperamos a lanzar los dados y que este nos dé buenos números para sobrevivir a la calamidad de turno. Si bien es una analogía que resultaría tediosa por su planteamiento plano, lo cierto es que resulta para los fines de la obra.

La construcción del mundo es magistral, y perdonen que no encuentre otra palabra. Lo que se omite es casi tan importante como lo que se dice, y nos da pie a imaginar un intrincado esquema social, el cual logra verosimilitud. Hay un worldbuilding sincero.

No es forzado, es lo que es, y gracias a este planteamiento se arrojan fuertes reflexiones sobre problemas raciales y el poder como eje de control hacia las posiciones religiosas de toda una nación. Quizás este es el aspecto más pesado que contiene este libro, y el que más te hace pensar al acabarlo.

LOS PERSONAJES 

Centremos la atención en Delbaeth, nuestro protagonista. Pasados un par de capítulos nos pintan un ser torpe con las palabras, y ágil con cualquier cosa que pueda usar para matar. Es un gladiador que no conoce nada más que la sangre.

Todo eso es una fachada. Delbaeth es un personaje con un ángulo de crecimiento logrado, y en este apartado aplaudo el trabajo de los autores. El elfo, debajo de aquella masa de músculos y poco cerebro, tiene preocupaciones reales que van desde su lugar en el mundo, hasta el propósito de su libertad.

Queda claro que su papel se desliga de los cánones clásicos de la fantasía, acercándolo así al espectro del ensayo, error y  posterior aprendizaje; aprendizaje que le vale para definirse ante nosotros como el héroe.

Ahora pasemos a Ratón. Es por mucho el personaje más entrañable. Su capacidad física sólo se ve opacada por su habilidad mental para resolver problemas. Es a su vez la consciencia de Delbaeth, la cara analítica del equipo y la voz de la razón. Su poca tolerancia a las tonterías rebosa de humor negro en la mayoría de los diálogos que tiene con el elfo.

Esta pareja no solo congeniará en cuanto llegue la acción, sino en aquellas escenas donde ameriten un tono reflexivo, más humano, viendo el sentido de la ironía por el odio hacia los seres feéricos latente en cada página. El vínculo entre ambos parece flaquear en muchas ocasiones, manteniéndonos en tensión; más de una vez pensé que se apuñalearían en plena sarta de insultos.

Los antagonistas tienen su propio espacio para respirar. Lo que me agrada es que no son una mata de maldad; tienen aspiraciones y metas como cualquier ser, incluso miedo. Se perciben como una unidad, como un pulpo, desde el llamado Cambiaformas hasta la cabecilla de las Hojas Huérfanas.

ESTILO Y LENGUAJE 

Creo que tanto Víctor y Gonzalo pusieron especial cuidado en este aspecto. Al tratarse de una aventura llena de guiños a la Espada y Brujería, el uso de las palabras no debía desparramarse en algo sumamento barroco.

Y lo logran.

La prosa es liviana, y la narrativa nos conduce con exactitud a dónde quiere llegar. Cada hecho y párrafo se conectan de una manera excelsa. Sin usar palabros, Dealbaeth Rising consigue atrapar de sopetón al lector, sea este versado en el género o no.

Además de esto, hay una belleza estética que no pasa desapercibida. Hay esfuerzo por ofrecer más que mero entretenimiento sanguinario y vísceras. La obra tiene pasajes hermosos y logrados como este de acá:

La luz había adquirido una tonalidad bruñida. Se colaba entre las casas de piedra como si quisiera escapar de la oscuridad que la acechaba. Mechones apagados, y sin embargo todavía deslumbrantes, del agónico sol del atardecer.

El estilo se siente real. Incluso en aquellas escenas violentas, donde la crudeza es necesaria, el manejo de las palabras y la intencionalidad dan pie a que no se pierdan de vista cada pincelada. Y detrás de esas pinceladas, hay ideas preciosas como esta:

Estaba ya de pie cuando la segunda se abatió sobre él. Descargó un terrible golpe, haciendo estallar a la vez el bastón y el cráneo del monstruo. Sabía que la había matado: más de cien años como gladiador le habían enseñado a reconocer cuándo una herida era mortal. Había toda una gama de sonidos y crujidos que representaban para él una melodía muy conocida. Distinguía todos los matices, era un erudito del dolor. Del propio y del ajeno.

Otro punto a destacar son los diálogos. Quizá por cuestiones estilísticas, muchos considerarán que son flojos y llenos de vulgaridades que ni al caso vienen. El tono de Delbaeth podría desencajar la narrativa y romper con el trabajo de lenguaje, no lo niego, pero este detalle lo he disfrutado al máximo. Si eres como yo, lo más probable es que cada vez que el elfo abra la boca te partas de la risa y grites ¡adelante, Cortador!

***

Delbaeth Rising: Camino de odio es un libro que recomendaría a cualquier entusiasta de lo fantástico/maravilloso. Tiene acción, pasajes interesantes, una narrativa bien cuidada, personajes que enganchan y muchos baños de sangre.

¿Tiene algo malo esta obra? Pues, sí. Hay un final. El libro se me hizo muy corto, pero los autores anunciaron una segunda parte llamada La enemistad de un mago, y desde ya espero hincarle los dientes o los ojos; lo que venga primero.

Si deseas comprar el libro, está a la venta en Lektu o en Ronin Literario.

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