Encontrar la voz del narrador suele ser un dolor de cabeza. Pasamos horas frente a la pantalla, maquinando una manera en la que la historia se cuente sola. Para este tópico, TrotaLetras, debemos preguntarnos el cómo contamos las cosas.

Se tiene conocimiento del papel de la oralidad en la literatura y de cómo ayudó a su desarrollo en las estructuras aristotélicas. Antes de siquiera el hombre pensar en escribir, ya este relataba anécdotas e intentaba explicar su mundo por medio de la ficción. Podría decirse que el narrador es uno de los trabajos más antiguos de la humanidad.

Hoy hablaremos del narrador en primera persona y de su utilidad para imprimirle carácter al relato, dibujando así lo que está pasando y lo que está por suceder. Es un recurso útil si buscamos involucrar profundamente al lector.

 

CERCANÍA

Con un narrador en primera persona, el lector tendrá un grado íntimo de proximidad. Esto quiere decir que sabremos qué ve, qué piensa y cómo reaccionará el personaje en cuestión. Si esta es tu idea, bienvenida sea.

Por lo general, quien cuenta los hechos es el protagonista, así que el tono de la narrativa debe empaparse de su personalidad y cuidar de no desviarse de su periferia.

Al estar tan cerca de la acción, tenemos terreno para jugar con las ambigüedades, con lo que puede ser real y no.

¿Y si mi protagonista se equivoca o es un mentiroso? ¿Y si alucina y está loco? ¿Me está ocultando información?

Dosifica y planea tu estrategia. Dale giros.

 

PODER DE OBSERVACIÓN

Limitarse a un punto de vista parece una desventaja; y puede que lo sea si piensas que no tienes mucha tela que cortar. Aquí lo importante no es el argumento, sino la manera de contarlo.

Estamos encerrados en la piel de un personaje. No sabemos qué pasa más allá de sus percepciones. Su mundo es nuestro mundo y por lo tanto nos debemos exigir precisión. Nuestra prosa debe, por el bien del lenguaje, transmitirle al lector lo que vive el pobre, y sin darnos cuenta, empezaremos a escribir mejor.

 

PUNTOS DE VISTA

Como en la literatura no hay nada escrito, en el sentido irónico de la palabra, la narrativa en primera persona no tiene porqué encasillarse en un punto de vista.

¿Qué tal si probamos meternos en la perspectiva de otro personaje? Digamos que para el rey Ricardo la casa es rosada, pero para la princesa María es magenta.

Este choque de opiniones evoca cierto tipo de molestias que vale la pena comentar. Si tienes varios personajes, úsalos. Juega con la percepción del lector, confúndelo, llévalo fuera de sus cabales.

Eso sí, no te olvides de que el tono varía con cada uno. Nadie habla igual que otro.

 

PERIFERIA NARRATIVA

¿Qué ocurre cuando narramos dentro de la mirada de un personaje secundario?

Traeré a colación una de mis sagas favoritas: Capitán Alatriste de Arturo Pérez Reverte. Aunque el protagonista sea el fiero capitán español de mirada aguileña, los hechos no ocurren bajo su perspectiva.

Su personalidad no la define lo que él nos cuenta, sino su protegido Íñigo Balboa. Vamos por toda la saga conociendo a Alatriste bajo su voz, y este efecto logra darle el carácter necesario que, al ser un personaje de pocas palabras, no creo que fuese el indicado para contarnos sus travesías y desventuras.

 

NARRATIVA BREVE

Desarrollar una voz en primera persona no es tarea sencilla. Conviene leer a autores en nuestro idioma que sean duchos en el oficio del cuento o de la novela corta, aunque hay novelas en primera persona que funcionan muy bien como Las crónicas de Ámbar de Roger Zelasny.

Al ser estos los géneros narrativos más breves, tienen la particularidad de enganchar mucho más rápido, generando así un pacto ficcional fiable y cómodo.

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¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!