Como Aristóteles, comenzaré, bien se pueda, por el principio. La teoría de la mímesis, e incluso, de todas las vertientes de arte poético de las que habla Aristóteles, es sostenida por la inclinación del hombre a imitar su entorno desde su niñez, diferenciándolo así de cualquier ser viviente.

En la imitación se desarrollan ciertas actitudes ideales para el aprendizaje; actitudes que terminan en conocimiento, y aunado a esto, hay un placer inherente en la imitación en sí misma, puesto que el ser humano se deleita en la fidelidad del elemento imitado, aunque este sea de por sí grotesco.

Pues hasta nos complace contemplar imágenes muy fieles de cosas que, en sí mismas, son desagradables de ver, como ocurre con las formas de las criaturas más repulsivas y de los cadáveres. La razón es que aprender es algo sumamente grato no solo para los filósofos, sino igualmente para los demás hombres, si bien participan de ello en escasa medida.

Sobre la base de ese apartado, la imitación es una forma particular de contemplación que empuja al intelecto del hombre hacia la deducción de la naturaleza de las cosas que le rodean. Dicho de otro modo, enmarca y sistematiza el desorden que representa la vida cotidiana.

Esta mirada de lupa conlleva al imitador a cuantificar y cualificar, al menos, en primera instancia, lo imitado, a darle un espacio y un lugar dentro de su obra si se tratase de algo nuevo o novedoso. El artista puede entender de qué está hecho lo imitado, aquello que lo hace único o igual a otras cosas, qué es lo que hace o su papel en el entorno y para qué está hecho.

Por ejemplo, un dibujante, un pintor, se hace consciente de las partes que constituyen el objeto que está representando en el papel. Si se tratase de un árbol, prestaría mayor atención al número de hojas, a la forma en la que la corteza se arruga a través del tronco, la manera en la que las raíces se entierran en el césped, etc. Todo esto con el fin de realizar una imitación, una mímesis que genere placer por su exactitud.

Si el objeto representado no ha sido visto con anterioridad, la imagen no producirá placer en tanto por su imitación, sino por la ejecución, el color o alguna otra cosa semejante.

De la imitación, tal por consecuencia y por naturalidad, nace la improvisación, que no es más que un aspecto intuitivo de la creación, una búsqueda consciente de las piezas a encajar dentro de la obra para su armonía. Aristóteles nos comenta que estas combinaciones logran variadas aproximaciones de un mismo objeto, y por ende, hay distintos modos de imitar e improvisar.

Esto nos hace pensar que dichas aproximaciones van de la mano con la ficción, puesto que el artista, la obra que busca representar, finge ser la real, tanto por sus modos o medios. Basta con que se reproduzcan las afecciones, padecimientos y entramados universalmente humanos.

Ante lo dicho, puede afirmarse que la imitación es sin lugar a dudas una de las bases de la ficción, y esta a su vez presenta unas diferencias en el proceso de mímesis, las cuales, según Aristóteles, tienen que ver con los medios utilizados para representar (lenguaje oral o escrito, ritmo, música, armonía), el objeto a representar (personas y acciones) y el modo o la forma en la que el objeto se representa (la puesta en escena o el género, en este caso la tragedia, la comedia o la epopeya. En términos modernos podríamos hablar de formatos narrativos como el cine, el comic y los libros dentro de sus límites).

…se desprende claramente asimismo que no es misión del poeta contar las cosas como han sucedido, sino aquellas que podrían suceder, es decir, las que son posibles según lo verosímil o lo necesario…

Aunque la imitación vaya de la mano con la ficción, sus elementos tienen que estar dispuestos para generar cierta credibilidad en el espectador o lector, quien ya ha asumido sin saberlo una abstracción con lo que va a presenciar.

Dejamos claro que la creación con base en la mímesis puede ser un ejercicio de especulación, siempre y cuando haya coherencia en sus elementos internos: argumento o fábula, caracteres. En ámbitos modernos, es verosímil Star Wars o Jurassic Park porque sus elementos giran alrededor de una idea concreta (objeto a imitar), y esa idea está construida con tanta solidez en su argumento —fábula— y modo que es sencillo que el espectador se entregue a la ficción.

“Debe preferirse lo imposible verosímil, antes que lo posible increíble”, nos recuerda Aristóteles más adelante, refiriéndose a estos argumentos que, aunque según su juicio deben evitarse, si se compone alguno de esta naturaleza, y resulta lo suficientemente razonable, puede admitirse.

En cuanto a sus distinciones en el modo de imitar no varían mucho una de las otras, puesto que el tratamiento va de la mano con la unidad del argumento, y se entiende que esto último juega a favor del grupo de factores que lo hacen verosímil. No por nada Aristóteles manifiesta que la fábula y su construcción son los cimientos de una obra dramática, al menos en el caso de la tragedia, pues la acción a imitar es el empuje de los personajes.

A toda luz, la tragedia es la imitación de una acción, anécdota o premisa por la que unos personajes se moverán hasta llegar al fin último del argumento: las anagnórisis, reconocimientos y peripecias. Esto, sin olvidar, su efecto en el público, quien en esos momentos experimentará la catarsis, la luz del mensaje y sus consecuencias (compasión, conmiseración, pena, vergüenza, lástima). Me atrevo a decir que la construcción ficcional, esta mímesis, edifica también estos sentimientos, o en cierta medida los condiciona durante la obra hasta que llegan a aflorar. Podrían ser, al menos en una parte que desconozco, artificiales o víctimas de un artificio bien ideado por los mecanismos de la suspensión de la incredulidad.

En cuanto a la fábula o entramado de los hechos, su verosimilitud ficcional depende de qué tan bien estén hilados los hechos. Al tratarse de una imitación del tiempo, en pocas palabras, la extensión y el orden son más que imprescindibles a la hora de idearlos. Aristóteles propone que los argumentos sean completos, con una estructura de tres actos dividida en comienzo —que no sea antecedido por algo más, y prosiga—, medio —antecedido y seguido por otros elementos— y final —antecedido por algo, sin nada que indique continuidad al culminar la obra—.

Por tanto, es preciso que los argumentos bien construidos no comiencen ni acaben en un punto cualquiera.

En síntesis, esto evitará que el espectador no experimente un vacío o eche en falta algo, ya que de comprobar algún agujero, la ficción se agrietará por no sostenerse en sí misma. Esto va de la mano con el concepto de belleza de Aristóteles; no debe ser aleatorio, desorganizado, ni de tamaño excesivo o viceversa. Al igual que su percepción de lo bello, la fábula eficaz debe ser abarcable para la vista y en consecuencia retenible para la memoria. Esto, nuevamente, logra verosimilitud durante la ficción.

Para concluir, la teoría aristotélica de la imitación se sostiene en la unión de estos tres elementos: la mímesis, ficción y fábula. La razón de esto viene dada a que el fenómeno de la teatralidad, de lo ficcional, requiere la organización y el contraste con los hechos reales. No se puede imitar si no hay intención de realizar una ficción, una mentira, un artificio —puesto que la imitación es una actuación— y mucho menos lograr una organización de hechos sucesivos si no hay concordancia construida a través de la labor imaginativa del poeta. Cada elemento del argumento, llámese extensión, caracteres, debe estar sumergido y colocado por una razón útil que conlleve a afianzar la cara ficcional que representa la narración o la puesta en escena. Si algo se suprime, la tarea, el aparato narrativo, se desvanece como arena.

De ellas depende el funcionamiento de los tres grandes géneros dramáticos de la época, puesto que son imitaciones de acciones al servicio de unos personajes que, según su carácter y arquetipo, lograrán un efecto conciso sobre el lector. Esa búsqueda del balance, de la belleza aristotélica, es sinónimo de verosimilitud, el fin último de la ficción contra la realidad y sus cortas posibilidades.

***

Gracias a todos, y como siempre los invito a suscribirse a la lista de correo, y si te ha sido útil, puedes leer más consejos de escritura creativa y checarme en Wattpad.

No olvides seguirme en mis redes sociales bajo el user @Mmjmiguel_ (Twitter, Instagram y Facebooky recomendar el blog.