Hay que decirlo, mis queridos TrotaLetras. Todo aquel que pretenda escribir, debe leer. Siempre evito caer en absolutismos por la sencilla razón de que hay demasiados expertos en el mundo, y la verdad es que mi opinión no quedará grabada en piedra.

Pero, más allá de lo que digan los expertos, considero que la lectura es un pilar que sostiene el oficio de hacer literatura. Intentemos escapar del cliché, porque sé que este consejo lo habrán escuchado hasta en la dentadura de sus madres, pero seamos claros: “El buen escritor es un buen lector”. 

  • ¿Por qué leer es tan importante a la hora de escribir?
  • ¿No basta con lo que tenemos en nuestra cabeza?
  • ¿Es necesario? A mí eso no se me da muy bien. Con mi talento tengo.

Yo no dudo de las capacidades natas de alguien para crear. Tampoco dudo de sus razones, aunque no las comparta. El conflicto está en la hebra de orgullo que tenemos todos los artistas, en la que colocamos sobre un pedestal lo que sabemos, por muy mínimo que sea, y si somos buenos en eso, pues al garete todo el mundo que yo soy el rey.

No te rías de la verdad. Lo más probable es que tengamos un amigo que se jacte de sus capacidades y que sea un verdadero dolor de cabeza al abrir la boca. Quizás sea bueno, sí, pero ¡ay si le llevamos la contraría! Y en el peor de los casos, ese amigo somos nosotros.

Para hablar de las bondades de la humildad, mejor irnos al Manual de Carreño. Vamos a lo que nos compete, y creo, en mi poca experiencia, que leer nos hace mejores escritores. Y no sólo nos hace mejores, sino que es un deber con la literatura en sí misma.

Ya saben que tengo una banda de Death Metal Melódico, y para mí es inaudito pasar de largo de otras influencias. Me es imposible no escuchar música y no alimentarme de ella para crear. Es absurdo. Es una locura. Es una estupidez. Y no se los oculto, me rompe un poco las pelotas escuchar a alguien llamarse escritor y gritar a los cuatro vientos que no lee, que le parece aburrido.

Por eso me alegra encontrar incentivos a la lectura como los que hace mi amigo Rubén Berrueco en su blog. Sé que no estoy solo en mis creencias. 

Pero hay un PROBLEMA. 

 

Si te limabas las uñas porque caíste en el saco de quienes sí leemos, lamento informarte que ese es apenas un primer obstáculo. De nada sirve leer mil libros al año, y más aún no seleccionarlos con criterio.

Las horas de lectura se pagan con la vida, dice Carlos Sandoval.

En nuestro desconocimiento es probable que no le saquemos provecho a lo que leemos. Devoramos las páginas una a una como una hamburguesa, y pasamos al siguiente plato sin degustar su sabor. Leer con negligencia es igual a leer un mal libro.

El escribir de verdad requiere trabajo práctico. No es sólo matarse la espalda en una silla 24/7 al teclado. Hay que nutrir la cabeza y expandir un poco los horizontes. Las técnicas narrativas están allí, a nuestra disposición, y el mejor manual de estilo es una lectura a la que le hayamos sacado todo el jugo. Al fin y al cabo queremos mejorar, ¿verdad? De eso se trata, peldaño a peldaño, palabra por palabra.

Ya tenemos la mitad del cielo ganado, TrotaLetras. Lo que sigue no es ningún secreto, y al igual que mis rituales de escritura, estos son métodos que me han servido para sacarle provecho a mis lecturas. Espero que te sean de utilidad.

 

LEE DOS VECES CADA OBRA

Sé que la rutina es abrumadora, así que apliquemos este consejo con tiento. Cuando hablamos de narrativa breve o de la novela corta, una doble lectura es nuestra mejor compañera.

Leemos con negligencia; ya lo dije. Pero esto no significa que dejemos de hacerlo, y recomiendo una primera pasada sin mucho análisis y por divertirnos. Vamos a darnos la oportunidad de sorprendernos cuando toque y llorar a cántaros en su momento. Déjate llevar, nada de boicotearnos y seamos lectores comunes.

La segunda pasada debe venir un día después. La mente estará fresca, pero contendrá detalles recientes. Como por arte de magia observarás elementos que se te habían escapado, e incluso aquellos que desembocan en el clímax de la trama o en el porqué de muchas interrogantes.

Notarás que este sendero ya lo conoces, pero lo verás con otros ojos. Tus ojos de escritor.

 

TOMA NOTA. PLAGIA CON DESCARO 

En el amor y en la literatura todo se vale, y yo soy un plagiador por excelencia. Más vale admitirlo.

Llevo una libreta conmigo en la segunda lectura, ya que no soy muy fan de las etiquetas o de escribir sobre los libros. Aquí recopilo metáforas, símiles, pasajes, frases, diálogos, estructuras y expresiones. Lo que sea útil me lo apropio como si lo hubiese creado.

Esta es la parte honesta del asunto, TrotaLetras (debo cubrirme las espaldas). La recopilación debe ir a tu caja de herramientas para su posterior análisis. La literatura se alimenta de sí misma, se retroalimenta de los mismos temas y los construye a su imagen y semejanza todo el tiempo. Dale la vuelta a esas expresiones y descubre cómo y por qué te llamaron la atención.

¿Qué tienen de especial? ¿Bajo qué contexto funcionan?

A partir de aquí pon a prueba tu intelecto e intenta imitar la forma con tu propio estilo.

 

CORRIGE AL ESCRITOR DE TURNO

¡Sacrilegio! ¡¿Cómo osas cambiarle una coma a Philip Pullman?!

Pues, verás, la verdad no me importa. Philip Pullman ya sabe escribir y tiene una carrera literaria detrás. Yo no. Estoy comiéndome un cable y me valgo de lo que tengo a la mano para mejorar mis habilidades.

Esto me parece un trucazo. Copio un par de páginas en el procesador de textos y piso el acelerador hasta el fondo. Quito adverbios por aquí, agrego conectivos por allá, volteo oraciones a la izquierda e invierto adjetivos a la derecha.

Confieso que me divierto un montón, y esta práctica me permite examinar con lupa las manías de muchos escritores. Podría decirse que es una forma avanzada del consejo anterior, y aunque toma su tiempo cogerle el ritmo, te aseguro que el panorama del lenguaje se expandirá. Contacto del tercer tipo, supongo.

Intenta con literatura que pertenezca al género que pretendes escribir. Ten a mano tu libreta y activa el control de cambios. No olvides leer los resultados en voz alta, y si algo no suena bien, cámbialo hasta que te sientas cómodo.

Si por cuestiones de la vida te topaste con un libro que no sea de tu agrado, de esos que no leerías una segunda vez, aplica este consejo a la primera. No pierdas tiempo. A estas alturas ya sabes qué no funciona. Métele tijera y corrige aunque no te paguen por ello.

 

HAZ TU PROPIA RESEÑA 

Hace poco descubrí mi gusto por hacer reseñas literarias. El saber que debía diseccionar lo bueno y lo malo de una obra me llevó al límite de mis capacidades. No es que me haya convertido en crítico de la noche a la mañana; nada más lejos de la realidad, pero sí me forcé a leer entrelíneas.

Una reseña literaria te coloca en un espectro de criterio; va más allá de encajonarte en tus gustos. Analizar un texto por su estilo, trama y lenguaje te da puntos de partida objetivos, y en lo personal comienzas a tomarte en serio el asunto de leer con atención.

Puedes abrir un blog y publicar tus reseñas. Sabrás que los autores te leerán al igual que sus lectores, por lo que no dudarás en hacer un buen trabajo analítico. Todo esto lo debes hacer con completa sinceridad y disposición a mejorar. Y sobre todo: disfrútalo.

Quizá te ayude echarle un ojo a la manera en la que lo hace una profesional como Marta Tornero. Su análisis del Nombre del Viento de Patrick Rothfuss es un deleite. Un trabajo de pinzas y bisturí.

 

VARIAS LECTURAS – DISTINTOS FORMATOS 

Admito que este es el truco menos práctico. Si una lectura puede llevar tanto trabajo, imagínate varias. Eso es lo que estás pensando, pero aun así te diré lo que yo hago.

Uno de mis mayores miedos es saber que no me alcanzará la vida para leer todo lo que quiero. Es triste, me deprime y no dejo de culparme por todas las oportunidades que dejé pasar en mi niñez. Como anécdota les contaré que en mi casa nadie leía, pero cada cierto tiempo el periódico de la ciudad regalaba una colección de libros clásicos, por lo que estos siempre adornaron la biblioteca. Estaban a mi alcance y yo decidí hacerme el héroe de los videojuegos.

Hoy trato de aprovechar el tiempo que paso despierto, así que aplico lo siguiente: Si estoy en la calle, leo en papel. Si estoy en casa, leo en digital.

Parece tonto, y como es tonto, funciona. Ojalá esto se me hubiese ocurrido por intelecto, y qué más quisiera yo, pero la verdad es que es una situación forzada. Caracas es la ciudad más peligrosa de Latinoamérica, y el hecho de que esté leyendo en la calle con mi Tablet puede motivar una bala en el cráneo para robarme y adiós luz. Intento no sacar cosas de valor.

Esto, más allá de descorazonarme, obligó a dividir mis lecturas. Hoy puedo leer hasta cuatro libros al mismo tiempo, y en el mejor de los casos, seis. Es cuestión de organizarse y priorizar.

***

Es todo por esta semana. Si algún consejo de estos les ayuda en su rutina, estaré más que satisfecho. Leer es un placer, uno de los pocos que tengo. Intentemos en la medida de lo posible por ampliar la experiencia lectora. No es fácil, pero si de verdad amamos la literatura, nada nos detendrá. A la larga, con diligencia, el oficio de las letras mejorará en nosotros. Prometido.

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¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!