En cualquier obra literaria, lo que de verdad te atrapa es la manera en la que el escritor te ilustra lo que está pasando. Una descripción bien lograda nos hace olvidar cualquier irrupción externa a la lectura; nos lleva por derroteros inimaginables —imaginables ahora— por medio de la palabra.

En narrativa podría decirse que existen dos herramientas que dibujan los acontecimientos de la trama, y cada una de ella está a favor del ritmo. Así como una buena pieza musical, el escritor distribuye cadencias en pro de acelerar o ralentizar la acción.

Los elementos que dan pie a una narrativa rápida y ligera son los descubrimientos, la omisión de detalles, las elipsis y las prolepsis.

Ahora, todo esto se balancea con recursos que nos dan espacio para respirar. Los diálogos, los flashbacks y el tema de hoy: las descripciones.

Al escribir queremos ser fluidos y conducir al lector a donde nos plazca, que no haya baches ni atascos, que se asemeje a una película si es posible; y aquí es cuando la cosa se pone engorrosa, ya que una mala descripción espanta al lector y lo lleva a los brazos de Morfeo sin que te des cuenta.

Tú objetivo es evitar que esto ocurra; que se quede hasta la última página.

 

Cinco trucos para mejorar tus descripciones

 

SUSPENSIÓN DE LA INCREDULIDAD

De este extraño término pende tu obra. La suspensión de la incredulidad es la capacidad que tiene todo escritor para anular el sentido crítico de quien lo lee. ¿A qué me refiero? La narrativa debe forzarnos a creer cada palabra; es lo que llamamos Pacto Ficcional.

No importa si tu manuscrito es realista, una crónica o una aventura del género fantástico; debe involucrar al lector en el mundo que creaste. Si este mantiene “suspendida su incredulidad”, su inconsciente colaborará con el proceso narrativo.

Ante todo mantén la coherencia. Imagina que estás en el cine, disfrutando de una buena película y de repente ves los cables que elevan al protagonista por los aires. Uno no es tonto; sabemos que existen, pero no deben irrumpir en el mundo de la ficción. Esos hechos casi que sacan a patadas de la sala a cualquiera, y lo mismo ocurre con un libro.

¿Alguien se acuerda del capítulo sexto de la séptima temporada de Juego de Tronos? Este episodio funciona terrible porque rompe las reglas que ha creado, y no porque sea una historia del género fantástico tiene que ser menos coherente. Todo lo contrario. Siempre hay que buscar la consistencia.

 

ESPACIO-TIEMPO

Nada ocurre en ninguna parte. La trama y tus personajes necesitan moverse, pero no pueden hacerlo en el vacío, a menos que tu novela trate de eso; tú me entiendes.

Ilustrar el lugar de los acontecimientos es una buena manera de empezar a suspender la incredulidad. Y no me refiero solo a la ciudad, planeta o agujero en donde se centre tu trama, ya que la misma puede ocurrir dentro de la cabeza de nuestro personaje, evocando así su punto de vista; ya esto dependerá del narrador que hayas escogido para tu obra.

Una vez que tengamos definido nuestro espacio, pasaremos al desarrollo de la escena. Cada línea debe llevar un sentido de acción y de movimiento. El ritmo de nuestra narrativa debe variar según las necesidades del texto; caminar y correr; todo a su tiempo.

No lances todo de un solo golpe. Con pequeñas dosis de información capítulo a capítulo, tus descripciones no echarán un frenazo narrativo y mantendrás al lector despierto. Eres escritor, no paisajista. Dale la oportunidad a quienes te leen de probar los límites de su imaginación.

Todo está, según yo, en los detalles significativos como una puerta rota, un riachuelo que no fluye a ningún sitio.

 

EL MUNDO SENSORIAL

No hay arma más poderosa que nuestros cinco sentidos, así que… ¿por qué no llevar esta premisa al papel?

Un error muy común es que dejamos descansar todo el peso de la descripción sobre la vista, incluso si nuestro protagonista es ciego (hay casos de casos).

La experiencia sensorial nos brinda una gama de olores, sabores, sonidos y texturas que nos ayudarán a crear el Pacto, ya que en vez de describir lo que Bartolomé ve en la alcantarilla, podríamos enfatizar lo mal que huele, lo húmedo de las paredes, los chillidos de las ratas, lo seco de su garganta y la oscuridad que se cierne en los túneles.

Ojo, que no tienes que convertir cada escena en un desfile de enumeraciones para la vista, el gusto, el olfato, el oído y el tacto. Administra este recurso para puntos importantes en la trama. No te vuelvas loco, TrotaLetras.

Y hablando de detalles…

 

DETALLES Y PRECISIÓN

Mientras más universal sea un detalle, más sencillo será imaginárselo. La idea no es confundir al lector, quien a su vez no es tonto; sabe tanto de la historia, del texto y de los personajes como uno.

Si podemos ahorrarnos chorradas de adjetivos, hagámoslo. No importa si se trata de un color o algún rasgo; el exceso de estos terminará aburriéndonos. Sé conciso y concreto. Menos es más.

 

LENGUAJE FIGURADO

El estilo de nuestro manuscrito se obliga a construirse sobre la base de su contexto.

Recuerda que el objetivo es trasmitirle al lector la mayor cantidad de imágenes en un par de líneas. Compara objetos con situaciones o viceversa para crear ideas. Si tu lenguaje es sutil, usa palabras que evoquen aquella sencillez. Si tu lenguaje es pesado como la respiración de un lagarto (¿lo ves?), intenta mantener ese lirismo.

A pesar de que el lenguaje figurado es uno de los recursos más útiles a la hora de describir, hay que cuidarse de los lugares comunes. Las expresiones negro como la noche, abrió los ojos como platos, a pesar de que están en textos consagrados, están desgastadas y no debemos recurrir a ellas a menos que sea con toda la intención —y que se note—

***

La suspensión de la incredulidad y el Pacto Ficcional pertenecen a la caja de herramientas de un escritor. Sea cuál sea el matiz de tu historia, sé consciente de que cada palabra tiene su espacio; nada debe ser al azar. Tu criterio como narrador te define como escritor.

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¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!