Cuando hablamos de literatura fantástica, nuestros sentidos parecen entrar en un limbo de conceptos equívocos. Algunos dicen por allá, mientras otras voces gritan por acá. Incluso, admito, fue hasta hace poco que comencé a entender por qué hay muchas dudas en torno al género, a pesar de que es uno de los más leídos en el mundo.

Vamos a ponernos en los zapatos de nuestros padres por un momento. Para ellos Game of Thrones, Star Wars, El señor de los Anillos, Las crónicas de Narnia, o la ganadora del Óscar Las formas del agua; pertenecen a un mismo universo: la fantasía.

Si llevas tiempo en el blog, sabrás que hago hincapié en llamar a las cosas por su nombre. Mis padres, o los tuyos, no están tan lejos de la realidad. Las obras mencionadas arriba sí pertenecen al género fantástico —no entremos en el debate sobre Star Wars, por favor— con mayor o menor acercamiento.

Pero…

¿Podemos definir lo fantástico? ¿Podemos decir cómo funciona? ¿Qué similitudes encontramos entre la trilogía del Elfo oscuro de Salvatore y el trabajo de Lovecraft?

A todas estas, la diferencia radica en la manera en la que la fantasía actúa sobre el contexto de una obra. Mientras que en Terramar la magia está presente hasta en las palabras, en Luna caliente de Mempo Giardinelli el fenómeno paranormal viaja en la ambigüedad del lenguaje y en la percepción del lector.

Y es aquí donde quiero llegar.

La brecha es simple.

Redoble de tambores.

Llamamos literatura fantástica a todo elemento que quiebre, desfigure o incomode la realidad y el contexto cotidiano, causando así una impresión de ambigüedad o sorpresa, que puede o no tener una resolución lógica.

Imagina un personaje caminando por las calles de Caracas, que bien fantásticas de noche son, y de repente se le presenta un individuo que dice tener la capacidad de concederle cualquier deseo a cambio de su alma. Nuestro personaje acepta y el trato se cumple. Boom. Casas, yates y una cuenta bancaria a la que no le caben más ceros.

Muere, va al infierno y digamos que quiere salir. Reta al individuo de los deseos, que a estas alturas es más que obvio que el diablo, a un contrapunteo de guitarra eléctrica. Gana y regresa sano y salvo su hogar; rejuvenecido, de paso, y sin recordar lo que ocurrió.

Analicemos esta mezcla de Florentino y el Diablo y Tenacious D.

  • Hay una llamada normalidad que se ve sentida cuando aparece este extraño personaje, que no es nada más ni nada menos que el demonio.
  • El protagonista cumple sus sueños por medio de la magia.
  • Al morir es transportado a otro plano, en este caso, el infierno, ya que su alma no le pertenece.
  • Penuria tras penuria, reta al diablo en un reto musical.
  • Al ganar, vuelve a su mundo y se crea una ambigüedad por su falta de memoria.

Estamos en presencia de una obra fantástica gracias a la irrupción de un elemento inexplicable y fuera de toda lógica, y además, el último tramo nos siembra una duda sobre la veracidad de los hechos.

Como todo género literario, en lo fantástico hay mecanismos que permiten ir más allá del lenguaje y sembrar discordias en el lector. En muchos casos se nos dejan pistas, como en el cuento Sombras suele vestir, de José Bianco, donde se nos habla de la presencia de una mujer, y gracias a las peripecias de la trama, no nos enteramos de que en realidad era un fantasma. O no lo era. Quién sabe.

El uso del lenguaje es importante en la literatura fantástica; no hay ambigüedad sin un uso adecuado. Los adjetivos y la narrativa deben jugar en pro de la incertidumbre. Muchos cuentos de Edgar Allan Poe funcionan no solo porque generan terror, sino porque hay elementos, muchos de ellos inexplicables, que rebasan el entendimiento y desbaratan los sentidos.

Dato curioso: se le atribuye a Poe la invención del cuento fantástico, al menos en estructura.

Corazón delator del mismo autor es un ejemplo, y obras del periodo romántico como El castillo de Otranto de Horace Wapole emplean el recurso sobrenatural para tejer una trama fantástica, alejándose así de lo que conocemos como lo maravilloso o los cuentos de hadas tradicionales.

 

ELEMENTOS CLÁSICOS DE LA LITERATURA FANTÁSTICA

Si bien es cierto que el género ha cambiado desde el romanticismo, y que cada día se parece más a un Frankstein que a un Adonis, es innegable señalar que muchos de los tópicos se mantienen vigentes.

Lo fantástico se ancla al discurso narrativo del sentido figurado y del literal. Esto se nota en los cuentos en primera persona, siendo el favorito a la hora de delimitar el paso de las sensaciones cotidianas a las fantásticas.

Se prefiere que en la mayoría de los casos el narrador sea testigo de la anécdota, ya que a su vez funciona como un interruptor de la duda ante el hecho que corrompe la realidad. Se crea un vacío racional; un abismo crédulo entre la capacidad de discernir del propio personaje y del lector.

Un ejemplo de estas situaciones fantásticas:

  • Pactos con el diablo
  • Almas en penas
  • Espectros condenados
  • La muerte personificada
  • Vampiros
  • Resurrecciones
  • La maldición de un brujo
  • La mujer súcubo
  • Lugares encantados
  • La repetición del tiempo
  • Portales a otras dimensiones
  • Transhumanización de especies
  • Viajes en el tiempo
  • El doble

Al igual que los mitos y las leyendas, no creo equivocarme al decir que la literatura fantástica surge como una necesidad artística de explicar y exponer situaciones a las que a su contraparte realista no podía acceder o satisfacer en un momento dado. El mundo avanza —y sigue— y la sociedad con ella. Producto de estas inquietudes, esta corriente degrada los grises de cómo la humanidad percibía su entorno, concibiendo un conjunto de alegorías y sátiras.

 

¿PODRÍAMOS AFIRMAR QUE LA LITERATURA FANTÁSTICA SURGE COMO UNA CONTRACORRIENTE DEL REALISMO?

La respuesta se presta. Los movimientos artísticos nacen como una chispa. Opino que los hechos inexplicables no son una evasión, sino que reafirman la realidad; sin mundo ordinario, no existiría la fantasía. Esto también viene dado por su mismo motor narratológico, donde en muchos casos insiste en introducir elementos conocidos por nuestra psiquis que refuerzan lo atestiguado por el narrador de turno.

La ironía radica en la misma introducción de estos hechos, que pueden ser figuras históricas o sucesos reales, como principales propulsores de ese vacío lógico que impide la reconstrucción del relato sin recurrir a la ambigüedad.

Como escritor del género me avoco a la tarea de intentar encontrar lo que se oculta más allá de lo verosímil. El vehículo de lo normal se me queda corto; lo admito. Jugar con las formas establecidas, darles la vuelta, pincharlas y deformarlas se convierte en un llamado de altavoz y en una denuncia.

Es una tesis de posibilidades echadas a un lado, que se sostiene a través del agujero por un imaginario, intrínseco, en el ser humano y por la curiosidad innata que lo define. Más allá del agujero llevó a Alicia al País de las maravillas.

Somos como Alicia en algún momento de nuestras vidas. Quizá queremos creer en lámparas encantadas, en portales hacia otro mundo, en fuerzas sobrenaturales que deshagan penas y regalen sonrisas. Quizá, muy en el fondo, necesitamos vivir en el sueño.

La literatura en sí misma se nutre del pasado, presente y futuro. Juega a la especulación, bando de extrañeza y desvaríos. Todos los días caminamos por Macondo, y el sistema político es una Tienda de muñecos.

EL CUENTO FANTÁSTICO: ALGUNAS RECOMENDACIONES

Siendo mi género favorito, no vendría mal recomendar cinco lecturas breves. Tengo preferencia hacia las antologías de cuentos, ya que están llenas de sorpresa tras sorpresa, y más cuando están construidas de manera orgánica.

 

  • Cuentos sobrenaturales (2007) — Carlos Fuentes: El caballo de guerra de México en cuanto a lo fantástico. Su literatura desborda un manejo del lenguaje tan rico, que lo coloca como referente del género en Latinoamérica.
  • Una momia en el Titanic (2017) — Armando José Sequera: Un compendio de dieciocho historias del imaginario de este autor venezolano, quien ya ha ganado una infinidad de premios por trabajos conocidos, entre los que destaca el Premio Casa de las Américas. Aunque este sea un libro juvenil, la calidad de la narrativa suprime las etiquetas. 
  • Relatos de otro mundo (1987) — Gabriel Jiménez Emán: Un verdadero homenaje venezolano, no solo al género fantástico, sino a la ciencia ficción. Cito de sus palabras: “El ideal fantástico se presenta entonces como una posibilidad de recrear los universos complejos en el decurso del instante, que congela el tiempo para someterlo a un deslinde filosófico y hacerlo partícipe de la anticipación o la fábula, de la metafísica o de los paisajes tecnológicos. Así, la fantasía suele estar involucrada en el texto breve de un modo casi consustancial”.
  • Antología de la literatura fantástica (1940) — Jorge Luis Borges, Silvina Ocampo y Adolfo Bioy Casares: Puede que dé mis apreciaciones sobre esta antología más adelante, mas dejo por escrito que es magnífica. Se mueve entre épocas, estilos, formas narrativas y autores. Uno de los trabajos más completos que he tenido el placer de leer, y uno de los más instructivos a la hora de mostrar el funcionamiento del género fantástico.
Me quedo corto, lo sé, pero confío en que ampliarán su espectro lector luego de echarles un ojo. Si son entusiastas del género, y desean conocer los mecanismos en la práctica, mejor irse a lo puntual y leer.

Cabe destacar que el idioma original de los títulos antes señalados es el español—castellano. Sácale provecho, TrotaLetras.

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¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!