El gusto del hispanoamericano por las formas más artísticas y arduas no se pierde. Sobrevive a todas las influencias y a todas las modas. Lo lleva a todos los géneros literarios, desde la novela al periodismo. Lo que primero le importa es la belleza de expresión. Eso que llaman estilo. Y que hace que la mayor aspiración de un escritor consiste en ser considerado como un estilista.

Quiero comenzar este apartado con una cita del gran autor venezolano Arturo Uslar Pietri, a quien la historia le atribuye la creación del término Realismo Mágico, además de ser uno de los cuentistas más aclamados de Latinoamérica. En lo personal, no fue hasta hace muy poco que comencé a darme cuenta de la importancia de su legado y de lo que significa para la literatura en general.

Todos tenemos razones diferentes para acercarnos a los libros, y enumerarlas sería escribir un post interminable. La conclusión general que se me viene a la mente es el afán de encontrar algo. Queremos que cada página nos diga cosas, que nos ilustren mundos alternativos, que nos arrastren hacia la maquinaria de la ficción. No lo neguemos: queremos maravillarnos.

Mi afición a la literatura fantástica crece todos los días. La capacidad que tienen estas historias para hacerme reflexionar, y sacarme más de una sonrisa, es sólo equiparable a tocar guitarra y componer. La lista de autores nunca se acaba, además de sus tópicos y artificios. Pienso que es un género que lleva la imaginación a un nivel más alto de contacto con la realidad. En pocas palabras, considero que la literatura fantástica es poseedora de una belleza que trasciende cualquier límite.

Al escribir opto por buscar la eficacia del texto. Me gusta tomarme mi tiempo a la hora de pulir y encerar; aprender de mis errores y usarlos como peldaños. Intento, en la medida de lo posible, apegarme a las palabras de Uslar y darle a mi escritura una belleza que no sólo sea captada por mí, sino por el lector.

La aspiración es empatizar de alguna forma con el imaginario de quien me lee, con sus sensaciones, con lo que le duele o place.

¿No es esta acaso una de las premisas principales del arte?

Hay que matizar las propias creencias con los colegas del gremio, ya que de seguro encontrarás un giro dramático de los acontecimientos que te ponga patas arriba. Y fue justamente lo que conllevó a la creación de este ensayo. Agradezco a Susana Sussman y a Javier Miró por prenderme el foco.

 

¿El lenguaje es importante en la literatura fantástica?

El género fantástico es como el árbol genealógico de Cien años de soledad o la lista de Nombres en la Torre Solitaria en Mago de Terramar. Debido a esto quiero encausar la pregunta hacia lo maravilloso, rama que, según la definición de Tzvetan Todorov en su ensayo Introducción a la literatura fantástica, versa:

Nos encontramos en el campo de lo fantástico-maravilloso, o, dicho de otra manera, dentro de la clase de relatos que se presentan como fantásticos y que terminan con la aceptación de lo sobrenatural. Estos relatos son los que más se acercan a lo fantástico puro, pues éste, por el hecho mismo de quedar inexplicado, no racionalizado, nos sugiere, en efecto, la existencia de lo sobrenatural. El límite entre ambos será, pues, incierto, sin embargo, la presencia o ausencia de ciertos detalles permitirá siempre tomar una decisión.

Y sigue:

Existe finalmente un “maravilloso puro” que, como lo extraño, no tiene límites definidos. En el caso de lo maravilloso, los elementos sobrenaturales no provocan ninguna reacción particular ni en los personajes, ni en el lector implícito. La característica de lo maravilloso no es una actitud hacia los acontecimientos relatados, sino la naturaleza misma de esos acontecimientos. 

Para evitarnos tanto rollo, aquellas historias heroicas con hadas, dragones, mundos inventados y mucha magia entran dentro esta definición. Ya deben venirte algunas a la cabeza.

Si bien es un género que me gusta mucho, no está libre de injurias. Para nadie es secreto que esta clase de literatura es vista con muy malos ojos y desechada a tal punto de ser considerada un escapismo para niñatos. Se le acusa de poco bagaje intelectual y no es tomada en cuenta más allá de sus propios certámenes.

Y es una lástima.

 

No voy a llevarle la contraria a la crítica literaria. Como siempre digo, hay muchos expertos en el mundo para que yo venga declarar verdades sin fundamento. Tan sólo quiero analizar qué tan cierta es esta premisa.

Una de las cosas que más parecen destacar es la importancia de la trama en estas historias. Mucha de la tensión narrativa se concentra en la sucesión de acontecimientos, en las situaciones por las que pasan los personajes y en sus giros dramáticos. Todo parece ser una pelota de hierro que gira y gira hasta que por fin te alcanza. Una pelea de bar que desencadena una serie de hechos poco fortuitos.

Quizá se debe al impulso de las revistas pulp. El estilo mantenía una narrativa sin trabajar, con el propósito de brindar entretenimiento rápido y barato. Y al igual que McDonald’s debió calar, porque esta constante es la que lo define.

Podría decirse que parte de esta tradición ha trastocado a sus lectores. Preguntando por aquí y por allá, hay inclinación hacia la eficiencia del argumento por encima de la forma en la que está escrito. Incluso se llega a pensar que una obra con la ecuación invertida peca de pedante.

La literatura de género parece cavar su propia fosa de prejuicios. De verdad, no lo sé.

En un primer contacto, me parece preocupante a medias. Entiendo también que una de las funciones del arte, y la que menos nos gusta admitir, es entretener. Si no fuese así, no habría bandas en vivo, o en este caso, libros.

¿La literatura fantástica no goza de estilización en sus mecanismos narrativos?

Hay obras que nos demuestran que sí.

El señor de los anillos de J. R. R. Tolkien, El tapiz de Malacia de Brian W. Aldiss, y Un mago de Terramar de la recientemente fallecida Úrsula K. Le Guin gozan de una belleza estilística que perdurará hasta que el mundo deje de ser mundo. Son autores que nos hablan entre líneas a pesar de estar cinceladas con un cuidado maternal.

Explorar las técnicas narrativas de estos autores no debe limitarse a las peripecias utilizadas, y sin embargo, es gracias a su lenguaje que podemos preguntarnos qué hay más allá, qué hay debajo de la cebolla y por qué esta historia resuena con tanta fuerza en nuestro ser.

Ha sido la palabra la que ha creado esta empatía; ni más, ni menos. A veces pienso que el problema es que se colocó el listón muy alto, y esas cosas pasan en la vida y en el arte en general.

Me atrevo a nombrar a Lovecraft. ¿Qué sería de su obra sin su estética? Te lo diré: pulpos humanoides muy enfadados. Hay que darle crédito al uso de la palabra y a la manera en la que esta creaba atmósferas y movía manivelas para mantenernos inmersos en la bruma; donde nos quería.

 

¿Cuál es mi opinión?

Ya sabrán, mis queridos TrotaLetras, que mi balanza está por el lenguaje y para el lenguaje. Esto no quiere decir que todo lo demás me parezca frívolo, sino que mi vocación artística me exige buscar el equilibrio entre lo eficaz y lo hermoso. Como creador, lo considero un deber.

Entiendo que hay literatura fantástica para entretener, como también la hay en otros espectros que buscan una inquietud de nuestro imaginario, y que a su vez, entretienen. Hay que decirlo.

Salgamos un poco de las comparaciones. La literatura se sostiene bajo las bases de su contexto, y es innegable que en las últimas dos décadas la consciencia de los escritores de género ha superado las barreras de sus propias limitaciones lingüísticas, trayéndonos obras como Nacidos de la Bruma de Brandon Sanderson, la cual contiene todos los elementos necesarios para ser una buena ficción, y no deja atrás el uso de las metáforas e imágenes literarias para crear símbolos que empaticen, sin importar lo que el lector busque en ese momento.

Queda mucho por leer, y espero que también por vivir, para dar dictámenes de lo que es importante en un género. Apuesto por el crecimiento del criterio, por la madurez y por la sinceridad, ya que esta en sí misma es artística, y cuando está presente, uno afronta el manuscrito con los ojos despiertos y sensibles a nuestras propias metas. La brújula apunta hacia la belleza estilística al comprender que esta no nace sin el debido riego.

Pienso que hay que formarse en la palabra y entusiasmarse con ella.

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¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!