Haré un poco de catarsis, tomando en cuenta que ya sólo faltan un par de horas para que se acabe el 2017 y entrar de puño y cara al 2018. Cabe destacar que a estas fechas las veía posible nada más que en películas de ciencia ficción, por lo que me parece tan abstracta la normalidad con la que abordamos los tiempos por venir.

Mi año tuvo de todo, desde logros en el plano profesional hasta gases lacrimógenos entrando por mi ventana, y en realidad soy pésimo haciendo listas, cosa irónica si vemos que el blog está sostenido por enumeraciones, pero de todos modos hablaré de mi 2017 en cinco puntos.

 

ENCONTRÉ EL VALOR PARA DEJAR MI TRABAJO Y DEDICARME A ESCRIBIR

 

Así como se lee. Parece sacado de un comercial horrendo de superación personal, y les aseguro que no les estoy mintiendo, así que los pondré un poco a tono.

Mi vocación durante muchos años fue la música. Estudié en un conservatorio y eso me abrió muchas puertas dentro de aquel ámbito. Y no me malinterpreten: Amo la música y hasta el día de mi muerte seré músico.

Para bien o para mal me desempeñé como profesor de teoría y solfeo en una “respetada” institución por siete años, y la verdad es que me agradaba repartir uno que otro conocimiento a los jóvenes sobre lo que opino que es el oficio musical. El problema estaba, como siempre en el plano artístico, en el sueldo y en las condiciones en las que ejercía. Debía viajar al menos dos horas desde mi casa hasta el trabajo y llegaba muy de noche al culminar la jornada.

Pero más allá de eso, empezaba a percibir una inconformidad creciente en mi persona. No estaba feliz, y aunque siempre intenté dar lo mejor a la hora de enseñar, sentía que mi lugar era otro y que mi presencia ya no era necesaria.

 

Debía emigrar de allí, pero ¿adónde?

 

Aquí empiezan los problemas, y seré sincero: No sé hacer nada más. Como artista me rehusaba a buscar trabajo fuera de mi área. Jamás me vi sentado en un escritorio u oficina atendiendo llamadas o perdiendo la vida fuera del oficio artístico. Prefería morir de hambre, pero afortunadamente no llegué a esos extremos.

Me deprimí. Pensé que había malgastado mi vida. Ya rondaba por los 27, así que dejo a la imaginación la clase de crisis que me tocó llevar a cuestas. No tengo título universitario y sólo era un asalariado más.

Y aquí llega el momento de iluminación, donde todas las piezas parecen encajar en un instante como si las arrastraras desde nacer. Causas. Efectos. ¿Quién sabe? En aquel vacío que era mi rutina, recordé que sí sabía hacer más cosas, y que no tendría que dejar aquella necesidad artística de crear, moldear y expresar.

Llevaba años desarrollando una novela del género fantástico/maravilloso —y todavía— y cada vez dedicaba más horas a su creación. Me empecé a hacer rutinas y apliqué la disciplina que la música me había regalado. Le agregué el apoyo y el impulso de mi pareja a la ecuación y listo: Le grité al mundo que de ahora en adelante me dedicaría a escribir.

Y aquí estoy, con una media luna en la cara. Sigo sin morirme de hambre y continúo haciendo arte. He encontrado trabajos como escritor fantasma, cuentista por encargo, corrector, articulista y cronista; y lo mejor de todo es que puedo dedicarme al cien por ciento a mis obras y a estudiar literatura como es debido.

¿Otro plus? Sigo haciendo música.

 

LOS TALLERES LITERARIOS 

Soy defensor acérrimo de la premisa que dicta que los oficios se deben estudiar a fondo. No vale de nada el talento si no se cultiva. He visto prodigios caer por no estudiar lo necesario, por confiarse en sus habilidades y en no bajar la cabeza porque el ego lo tienen del tamaño de un planeta.

Si quería dedicarme de lleno a escribir, necesitaba profesores, maestros, gente capacitada que hiciera literatura. En internet hay blogs increíbles de escritura creativa con contenido equiparable a la biblioteca de Alejandría. Encontramos el sitio de Gabriella Campbell, el canal de Javier Miró, los consejos de Diana Morales; por nombrar algunos. No falta material.

Aun así debía ir más allá y probar de primera mano la experiencia; debía volver al salón de clases. Después de muchos años siendo profesor, el sentarme desde el punto de vista de un alumno me enseñó a callarme un poco la boca y vaciar todo lo que creía conocer.

Y funcionó.

 

Llegué a la Escuela de Escritores de Caracas y al Instituto de Creatividad y Comunicación. No sabía lo que era un taller literario o cómo funcionaba. La verdad es que no soy de mucho socializar, y trato, en la medida de lo posible, de sentarme cerca del profesor para que no se me escape nada y atosigarlo a preguntas. Si algo me enseñó la música, fue eso: Preguntar hasta lo obvio.

Volví a enamorarme del arte de aprender; hay que decirlo. Tuve la fortuna en esos primeros meses de contar con el apoyo de profesores excelentes. Cada uno de los consejos, guías y regaños sirvieron como escalón. El mundo me dio un vuelco de 180 grados, y creo que es parte de lo que hace la literatura en uno. No me alcanzan las palabras para agradecer a los maestros Carlos Sandoval, Fedosy Santaella, Roberto Echeto, Mario Morenza, Carmen Verde Arocha y Susana Sussmann.

¿Y qué decir de las personas que conocí? Nada me da más gusto que encontrarlos de nuevo en un taller, una charla o en un evento literario de la ciudad. Me han hecho entender una cuestión: No estoy solo en esto.

Creo que soy adicto a los talleres, y estoy a un paso de que me encierren en una sesión de Talleristas anónimos.

 

LOS CONCURSOS 

La verdad es que sólo me dedicaba a reescribir una y otra vez mi novela, y la mayoría del tiempo mis pensamientos se enfocaban en ella. Por consejo de Carlos Sandoval, siempre tan acertado, intenté ampliar mi espectro narrativo y alejarme un poco de las obras largas y centrarme en lo que me tomase menos tiempo.

Le agarré cariño al género del cuento, y sobre todo al cuento fantástico. La verdad es que temía mostrar mi trabajo porque sentía que mi estilo no estaba pulido, pero me inscribí en un par de concursos literarios. La esperanza de ganar era mínima, aunque al menos me mantenía escribiendo con mucha regularidad.

La sorpresa hizo que me cayera de la silla al enterarme que mi cuento Olas plateadas recibió una mención honorífica en el concurso #Aventúrate de la plataforma Sweek. Aunque el premio mayor eran unos euros que no me caían mal, estar en la pizarra de los finalistas me infló el pecho.

Semanas después, la Asociación Venezolana de Ciencia Ficción y Fantasía le otorgó un reconocimiento a mi cuento Wardruna en la categoría de fantasía del Concurso Solsticios 2017. De verdad no lo podía creer. Hace poco fue la entrega de los diplomas y estaba demasiado nervioso. Ganarme algo dentro del campo artístico siempre me ha resultado muy raro.

 

COLABORAR EN OTROS BLOGS 

Me siguen sorprendiendo las capacidades del internet. Las fronteras fueron borradas y yo continúo creyendo que pertenezco a un solo sitio; nada más lejos de la verdad.

Como comentaba más arriba, la información que tenemos a la mano es ilimitada. Todo está a nuestro alcance y las relaciones profesionales no escapan a ello, por fortuna.

Tuve la dicha de colaborar con dos grandiosos blogs españoles de literatura. La verdad me sonrojo un poco, ya que estas autoras me abrieron las puertas de su espacio para que escribiera lo que me venía a la cabeza. Eso no lo hace nadie, y al sol de hoy, sigo agradeciendo la oportunidad y, sobre todas las cosas, la confianza.

Mi primera colaboración fue un decálogo para escribir cuentos en el blog de María José Moreno que toma prestado elementos de muchos otros decálogos de escritores consagrados, según mi punto de vista.

Para el segundo acto escribí un ensayo sobre la figura del héroe en la ciencia ficción en el blog de María del Mar Glez Gómez, que por cierto tiene material inagotable sobre la literatura de género y es una de las activistas más duras en temas sobre la visibilidad de escritoras en España con su iniciativa #EstaNavidadRegalaAutoras.

Estas uniones demuestran que, aunque estemos en diferentes continentes, la vocación artística está por encima de todas las barreras culturales, ideológicas y políticas. Espero algún día ir a España y devolverles el favor con unas arepas venezolanas bien resueltas.

 

LA RIQUEZA DE LOS GRUPOS EN FACEBOOK

Soy algo vieja escuela; lo admito. Cuando estaba más joven, el tiempo que pasaba en internet lo administraba en foros musicales. Era más simple; te creabas un usuario y compartías con otros miembros, debatías tus ideas e insultabas al troll de turno.

Las cosas siguen siendo así, pero con diferente formato. Los grupos de Facebook son el lugar ideal para conocer gente con tus intereses y para difundir tu trabajo como escritor. Es una amalgama de posibilidades.

Hay que elegir muy bien, ya que puedes llegar a un lugar en donde las reglas no se respeten, lleno de gente grosera que vive nada más de tu odio al otro lado de la pantalla. Me he topado con un par de grupos así, y he salido con las tablas en la cabeza.

Mi 2017 me permitió encontrar una triada de grupos que me han abierto los brazos. Cada día es una oportunidad para conocer las inquietudes literarias de sus miembros, además de alimentarme de las mejores vibras y aprovechar el tiempo en la web.

El escritor emprendedor, iniciativa de Ana González Duque, es uno de los grupos con mayor contenido sobre el oficio del escritor 2.0. Si hay un Olimpo de negro sobre blanco, es este lugar.

The Wattpad Report es la casa de quienes nos tomamos Wattpad como una plataforma seria para publicar. El equipo de administradores ha creado un espacio cándido para hablar de la naranja, además de que mis artículos son bien recibidos allí.

Por último traigo a colación un grupo que está agarrando fuerza gracias a la disposición de sus usuarios por desenvolverse en un ambiente sano y responsable. Es un club de lectura dedicado a Wattpad, y lleva por nombre Letras de Wattpad. Cabe destacar que hace poco me han nombrado moderador, y me siento más que honrado.

 

***

 

Y este ha sido mi 2017 en cinco puntos. Parece poco, pero bajo cada palabra hay trabajo pesado. Desde que me dediqué a la escritura, hago el doble de jornadas para mantener todo en funcionamiento, y no niego que estoy exhausto, pero así es este oficio; así es el arte.

Quería agradecerte, querido lector, por pasarte por estas páginas y mantenerte al tanto de la actividad del blog. De Letras No Sé Nada es una iniciativa que me da fuerzas todos los días para continuar. Escribo lo que quiero escribir y me mantengo lúcido en esta ciudad de locos. Espero que hayas disfrutado del contenido a lo largo del año, y si te falta por revisar, checa la sección de Escritura Creativa.

Poco a poco armamos una lista de correo sólida, así que, si no te has suscrito, te invito a hacerlo. No te vendo nada ni te caigo a pop-ups. Contenido sincero de un artista a otro.

 

Les deseo felices fiestas y un feliz año 2018. ¡Nos estamos leyendo!