Picasso, ese, el pintor, daba fe de aquello que llamamos inspiración y prefería que esta lo agarrase trabajando. Una frase trillada, pero que si al caso vamos razón no le falta.

Ya que estamos en el oficio de escribir, no hay que tener pena en decirlo: Todos nos hemos enfrentado al demonio de la página en blanco; cara a cara con el ordenador en medio de un letargo, un vórtice de sin sentidos que nos cuestiona nuestro trabajo (el cual no hemos escrito, vale destacar).

Una novela cortaun cuento, o solo las ganas de acumular material en el baúl. Sea cuál sea el motivo, a veces hay que darle un empujón a la creatividad. Muchas historias jamás se terminan por este problema, y es una lástima para nuestros potenciales lectores, pero sobre todo, para nuestra vocación artística. 

COMODIDAD NARRATIVA

Lo más difícil es empezar, tanto si somos escritores novatos o no. Hay tantas cosas que queremos decir y un mar de posibilidades a la vista. Hay quienes se inclinan hacia la literatura fantástica, como es mi caso, y otros que se van más hacia el realismo.

El género no importa. Se los digo yo. Eso es lo de menos. Si quieres escribir sobre dragones, hombres lobo o viajes en el tiempo, es una opción válida y respetable.

Que nadie te diga lo contrario, TrotaLetras. Lo ideal es motivar al cerebro y a la creatividad con algo que nos llame la atención, con aquello que nos levante más que una fiebre pasajera. ¡Qué importa si suena ridículo! Dale con furia a las teclas, que ya vendrá el tiempo para corregir y reírte de ti mismo.

Yo no soy una persona especialmente inspiradora para decirle a alguien que debe escribir desde el corazón, pero a pesar de vivir en Venezuela, toda la vida he hecho lo que me gusta. Me dediqué a la música, tengo una banda de death metal melódico con un disco en la calle y hoy por hoy mis bolsillos se llenan gracias a lo que escribo, tanto para otros, como para mí. Creo que es una cuestión de voluntad si me preguntas.

¿Que te motiva a meterte en este embrollo llamado literatura?

Ahora, si tocamos un tema que no manejamos, las palabras no fluirán. Déjalo para después. Escribir de cuántica nuclear requiere algo de cariño a la materia. De lo contrario se notará que no es natural y nos reencontraremos a la desgraciada hoja en blanco.

Independientemente de que si un tópico nos llama la atención o no, hay que documentarse y analizarlo desde varios ángulos. De esta manera se nos hará mucho más fácil ganarle al bloqueo y cultivaremos un criterio propio, además de ejercitar nuestra comprensión lectora.

Hay que sincerarnos. Si no nos apasiona, no lo hagamos. No te fuerces más de la cuenta.

 

SÉ OBSERVADOR

La literatura está llena de imágenes.

Cito al maestro Roberto Echeto, quien insiste en este recurso al que le debo mucho. No me refiero al sentido pictórico de la palabra, sino como catalizador de historias.

Las imágenes que llevamos con nosotros definen la clase de escritor que queremos ser. Nuestro imaginario se alimenta día a día de una gama de momentos que esperan su turno para materializarse. 

No se ve lo que se mira todos los días, pero basta con cambiar la percepción.

Reflexiona sobre tu lugar de trabajo, sobre la experiencia en un videojuego o una serie, del trayecto a casa, píntale una historia a ese cuadro que te agrada. Describe esa aldea de tu mente con lo que tienes a la mano. Realza los detalles de aquel castillo que aparece en tu manuscrito.

Si eres un entusiasta de la literatura fantástica, por ejemplo, la realidad en sí misma te proporcionará los mecanismos para lograr ese efecto de sorpresa, esa ambigüedad que tanto buscas. A la hora de describir, ¿de dónde saca China Miéville tanto detalle en La ciudad y la ciudad?

 

ALGO DE MÚSICA

La música y la literatura son tan idénticas que a veces me da miedo. Todo está en la forma.

Es irónico que te aconseje no escribir escuchando música cuando en este momento tengo puesto este playlist, pero mantengo que a la hora de la faena necesitas de todos tus sentidos, al menos en el caso de la ficción. Ojo, esto es lo que a mí me funciona, así que tú tienes la última palabra.

El por qué recomiendo escuchar música fuera de tus sesiones de escritura es por mero análisis de la obra. Aunque no seas músico y no tengas nociones de solfeo, puedes prestarle atención a su desarrollo, a sus transiciones, episodios y reiteraciones del tema.

Se aprende mucho de carácter con tan solo examinar el papel de la melodía principal, aquella que es pegadiza. Diría que recurras a Bach por encima de todas las cosas, pero es cuestión de gustos. También vale escuchar Deafheaven Soilwork si te nace.

Coloca sobre la mesa lo que recogió tu red. ¿Alguna estructura que funcione como diálogo? ¿El ritmo preciso para el estilo? Y si solo te dejaste llevar con los ojos cerrados, ¿qué viste en tu cabeza?, ¿qué hay en tu imaginario?

De nuevo, el arte como centro principal de imágenes e inspiración.

 

OTROS AUTORES

Ayuda leer el trabajo de otros autores que te gusten. Fíjate en la composición de las oraciones, en sus mañas y en la resolución de los párrafos. La mayoría de los problemas que tenemos a la hora de escribir no están dentro del campo de la creatividad, sino en el lenguaje.

Una buena sesión de estudio sobre Tolkien o Úrsula K. Le Guin puede sacarte de dudas. La lectura hace al escritor. Sácale provecho a lo que entra por tus ojos y mantente siempre en la búsqueda de lo excepcional con un libro en la mano. Dicen que la literatura tiene todas las respuestas, y quién soy yo para negarlo, pues cada nueva adquisición de la biblioteca es mejor que la anterior.

Al poseer el hábito lector, sin saberlo cultivarás tu vocabulario. Esto, llevado de la mano con tus días de escritura, te harán avanzar. Recuerda que no se trata de tu talento; se trata de las ganas que tengas de hacer las cosas bien, con gusto, con un sello que destaque por tu diligencia. Al demonio la gente con talento; tarde o temprano se estancarán, recordados solo por una mala obra en Amazon. 

Tú eres un escritor con todas las letras, ¿verdad? Crees en el trabajo duro, con sangre y lágrimas de por medio.

Este oficio es una constante búsqueda de perfección, de quiebres y barrotes. Hay espacio para discursos románticos, y llegarán, pero mientras estate al teclado. Si deseas ir más allá, recomiendo leer algo de poesía y no escatimar en autores que se especialicen en aforismos.

 

CORREGIR ES IGUAL A ESCRIBIR

Vuelve sobre tus pasos. Si estás estancado, lo más probable es que tu cerebro requiera un respiro, aunque esto no es razón para dejar de producir. Revisa tus trabajos anteriores, aquellos cúmulos de moho y tentáculos.

Ojo crítico.

Sé inclemente con tus textos y analiza cada pasaje. Limpia. Limpia. Limpia. Con toda seguridad encontrarás cosas que no te agraden y que tendrás que reescribir por el bien de tu prosa. La fuerza de la corrección puede inspirarte a crear material de manera eficaz y rápida.

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¡Hasta el próximo artículo, TrotaLetras!