Hablar del proceso creativo es complicado. Cada uno de nosotros atraviesa por facetas que nos llevan a darle vida a una historia, y cada quien tiene sus métodos predilectos para tal fin. 

Las historias nacen de ideas, por imitación en algunos casos. Algunas más simples que otras, pero ideas al fin y al cabo. Basta con tener la voluntad necesaria para materializarlas, como lo expone Gabriella Campbell (Las crónicas del fin) en este artículo. 

El método que traigo el día de hoy es uno de mis favoritos a la hora de escribir cuentos, sobre todo cuento fantástico, pero también aplica para cualquier otro formato y género a mí entender. 

Hoy hablaremos un poco del Binomio Fantástico. 

¿Qué es el binomio fantástico?

Este término se lo atribuimos al escritor y maestro Gianni Rodari, quien a lo largo de su carrera usó este truco para construir sus cuentos infantiles. Estos métodos quedaron recopilados en un libro de ensayos llamado Gramática de la Fantasía, texto de referencia para este artículo, y que revela la vocación de Rodari por actividades didácticas en el aula de clase.

Aunque este libro está enfocado en cierta medida a profesores, como lo fui en algún momento cuando enseñaba teoría y solfeo, cada capítulo es aplicable al oficio de escribir. Rodari no miente a la hora de analizar las estructuras narrativas y cómo estas funcionan en la psiquis del niño, y en este caso, en el lector.

Ahora bien, el binomio fantástico es la sencilla acción de tomar y juntar dos elementos, dos premisas, con el fin de observar la relación que tienen con el otro. Un elemento por sí solo no representa mucho, mas su encuentro con un segundo puede que lo obligue a salir de su plano corriente y lo llevaría a descubrir nuevos significados y entramados.

LA DISTANCIA DE LOS ELEMENTOS

Si nuestros elementos son muy cercanos, tanto en comportamiento como en fisionomía, el binomio puede que no resulte. (Papa y mamá) no se escuchan tan interesantes como tener sobre el plato a (bruja y corteza). Los elementos deben ser lo suficientemente extraños entre ellos para que la imaginación establezca una relación insólita a lo largo del cuento.

En el ejemplo anterior usé bruja y corteza, las cuales escogí por medio del azar mientras escribía esto. De inmediato entablé una situación que va más o menos así:

La bruja, condenada, dejaría de ser árbol el día en que sus hojas se marchiten y su corteza sea devorada por los insectos.

Quizá no sea una historia digna de un Premio Nébula, pero tengo un punto de partida, y esto es lo que estamos buscando: un lugar donde comenzar a escribir.

LAS CADENAS VERBALES

La mejor herramienta que tiene un escritor es el lenguaje. Cuando se usa el binomio fantástico, las palabras abandonan parte de su significado y acogen uno nuevo. Cito a la Gramática de la Fantasía: “se liberan de las cadenas verbales”.

Para este apartado, creo que es necesario traer ciertos conceptos de lingüística básica. Las palabras pertenecen a lo que hoy día se conoce como signo lingüístico, la unión irresoluble entre significados y significantes.

Un significante es la representación mental, la imagen acústica y la cadena de sonidos, que tenemos de un referente u objeto tangible. Cuando leemos “pupitre”, en realidad lo que se nos viene a la cabeza en primera instancia es lo que conocemos o creemos conocer del pupitre; y acto seguido, casi en simultáneo, el concepto que tenemos de la palabra: para qué sirve, cómo está constituido, etc. En pocas palabras, su significado.

Como dije en primera instancia, al romperse la cadena verbal surge un desarraigo por su significado y significante; no existe signo lingüístico. En este plano hay una irrupción de lo cotidiano, lo cual es el pilar de la literatura fantástica. Estos elementos chocan como si fueran lanzadas a un universo que no conocen.

Sin embargo, hay un problema, y es que si los elementos están muy alejados, no pueden conectarse. Rodari recomienda unirlas por medio de las preposiciones. De mi ejemplo de bruja y corteza salen estos resultados a:

  • La bruja con la corteza.
  • La corteza de la bruja.
  • La bruja sobre la corteza.
  • La bruja en la corteza.

HIPÓTESIS FANTÁSTICAS

Un escritor debe suponer mucho. Podría decirse que la mente de un artista está llena de planteamientos y preguntas. ¿Nunca callaste en medio de una fiesta porque pensaste en lo extraño que sería que se abriera un agujero en el fregadero? ¿No? Está bien. Cosas mías.

¿Qué pasaría si…? Esta pregunta da vida al binomio fantástico de la hipótesis. Como primer elemento tenemos el planteamiento de la suposición, y en segundo lugar una anécdota o predicado.

¿Qué pasaría si una bruja fuese condenada a ser un árbol? ¿Qué pasaría si un huérfano descubre un día que en realidad es un mago? ¿Qué pasaría si alguien viaja al pasado para convertirse en su propio padre? ¿Qué pasaría si un niño encuentra un mapa que conduce hacia una isla secreta que oculta un tesoro?

La hipótesis fantástica abarca un sinnúmero de historias conocidas y aumenta las posibilidades narrativas hasta el infinito si se quiere; es tarea del escritor crear a partir de ellas. Este recurso me fascina porque plantea romper el esquema cotidiano y convertirlo en una planicie de situaciones fantásticas.

PREFIJOS FANTÁSTICOS

Cuando hablamos de fantasía, no olvidemos que se trata de la deformación de la realidad y del entorno. El uso de la ambigüedad juega un papel fundamental para el recurso de la sorpresa y de lo extraño.

Deformar las palabras tiende a lo mismo. Los formalistas rusos hablaban de esto en su intento por definir “lo literario”.

El prefijo fantástico no es más que otra forma del binomio en el lenguaje, donde el prefijo crea imágenes por medio de la deformación de una palabra. Por ejemplo, un descaparate no es un sitio para colocar objetos, sino que odia tener cosas encima. En vez de unicornio, tendríamos heptacornios. Y, ¿qué tal si probamos con un macrofósforo, que al ser encendido es capaz de quemar un bosque entero?

Rodari recomienda sacarle provecho a esta técnica en dos columnas. Por un lado los prefijos y por otro los sustantivos, y luego, que lo aleatorio haga el resto.

Sé que conseguirás buenos resultados, pero todo dependerá de tu imaginación.

LA MAGIA DEL ERROR

En cada error hay la posibilidad de una historia. La equivocación, adrede o accidental, da paso a elementos del binomio fantástico. La palabra correcta solo existe en la oposición de una equivocada.

Los filólogos lo explicarían mejor que yo. Me remito a su forma más sencilla; la que le da características fuera de lo habitual al elemento en sí. Al igual que usamos el prefijo para deformar las cualidades de un elemento, el error lo secunda de una manera creativa si se le saca provecho.

Un Veso solo puede ser dado por Valientes, por ejemplo. Quizá un Tragón sea un Dragón que necesita comer tanto como un Snorlax. No lo niego. A veces, mientras reviso mis cuentos encuentro errores accidentales que me regalan buenos nombres para ciudades, personajes o alimentos. Atribuírselo a la genialidad de mi inventiva sería tonto, pero al menos gracias a Rodari me rio de las pifiadas en el teclado y les doy la vuelta con otro ojo; y creo que de eso trata el oficio.

***

El binomio fantástico me ha salvado la vida en más de una ocasión cuando quiero escribir y no tengo nada bajo la manga. Me inspiro muy poco, lo confieso, y sé que afuera hay muchos como yo que necesitan un empujón más allá de lo que la ciudad ofrece.

Aún queda mucha tela que cortar, pero todo a su tiempo. La Gramática de la Fantasía de Gianni Rodari es una obra de cabecera. Siempre descubro recursos que se me pasaron por alto y voy directo a ponerlos en práctica. Lo ideal es no detenerse en el trabajo creativo; sin eso, el escritor se ve relegado a desaparecer.

 

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¡Hasta luego, colegas!